Texto: Dhyana A.
Rodríguez.
Bajaron de la colina
Maximiliano, el príncipe de Salm Salm, Castillo y Tomás Mejía. De la parte
republicana, el general Echegaray, que estaba con Corona, avanzó hacia ellos.
Maximiliano se desabrochó el sobretodo, dejando ver su traje de general y sus
insignias (para indentificarse). Echegaray llegó entonces hasta él y le dijo
muy cortés, quitándose el sombrero: "Vuestra Majestad.. es mi
prisionero".
Maximiliano correspondió
el saludo y le dijo "Ya no soy emperador, dejé mi abdicación con
Lacunza" (*recordemos que en caso de caer prisionero, Maximiliano había
pedido a Lacunza y a Márquez que publicaran su abdicación).
Mientras esperaron la
llegada del Gral. Escobedo al aire libre, bajo un intenso frío, el Gral. Corona
comentó al archiduque: "Está usted temblando, Maximiliano”, y este le
respondió: "Sí, pero no de lo que usted cree, General”.
Quiso entonces entregar
su espada a Corona, pero éste le dijo que volviera a montar su caballo, lo
mismo Mejía y Castillo (Mejía había prestado un caballo a Castillo), y
llegaron, más abajo, con Escobedo. Maximiliano entonces entregó su espada a
éste (la escena que representa la pintura), quien la dio a su segundo en mando.
Mejía, por su parte,
también entregó su espada, pero al hacerlo, cortó la hoja, la tiró al suelo, y
guardó la empuñadura (señal de que se rendía, pero no estaba de acuerdo con
ello). Todos respetaron, no obstante, el gesto (*en la película de
"Aquellos Años" (muy recomendable de ver en este tema) sale que esto
hace Miramón, pero en realidad, lo hace Mejía (recordemos que Miramón estaba
preso en la casa del médico).
Escobedo entonces
intercambia algunas palabras con Maximiliano y encarga al general Vicente Riva
Palacio que lo lleve a su prisión. Riva Palacio, como sabemos, también se
caracterizaba por ser todo un caballero, y durante el trayecto, trató a
Maximiliano con mucho respeto (*un dato curioso es que tenían la misma edad),
conduciéndolo por fuera de la ciudad, para que no fuera blanco de burlas o de
curiosidad por parte de la tropa.
En el trayecto, pregunta
Maximiliano a Riva Palacio qué destino le espera, Riva Palacio rehuye la
pregunta, pero finalmente Maximiliano le pregunta sin rodeos si lo van a
fusilar. Vicente no tiene más remedio que contestarle "Sería un farsante
si le dijera que no". Maximiliano le responde (quizá después de la
impresión) que en ese caso, ojalá fuese sólo a él y se perdonara a sus compañeros.
Riva Palacio le ofrece
entonces la ayuda de su padre, el ilustre abogado Mariano Riva Palacio, en caso
de que hubiera un juicio. Llegando al Convento de la Cruz termina la encomienda
de Vicente y se despide de Maximiliano. Momentos antes, éste había observado a
lo lejos, que dos soldados peleaban por su caballo Orispello (*el caballo
blanco con el que aparece en algunas pinturas) que estaba en las caballerizas,
y habiendo hasta tiros de por medio, uno de ellos se lo había llevado.
Entonces, al desmontar,
le ofrece a Riva Palacio su caballo "Anteburro", como un
"recuerdo de ese día". Riva Palacio lo acepta, cuidándolo desde entonces.

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