*Un pequeño relato basado en un episodio que cuenta Concha
Lombardo en su diario, de cuando su esposo estaba preso en Querétaro con
Maximiliano y Mejía:
- Espero que traigas mucho dinero porque pienso ganar.
- ¿Para qué ocuparás el dinero estando encerrado? -le
preguntó ella, tratando de ocultar su angustia.
- Pues cómo que pa' qué, pa' comprarles cobijas a todos
estos desgraciados -dijo él, señalando con la cabeza a los guardias que los
vigilaban desde una esquina.
- ¿Cobijas? ¿Petates? ¿Para ellos? -se sorprendió Concha.
- Sí, mujer, para ellos. No ves que se mueren de frío y de
hambre. Son unos pobres diablos que no tienen la culpa de nada. Además, así les
ablandamos el corazón y quizá nos traten mejor.
Concha no pudo evitar sentir una mezcla de admiración y
compasión por su esposo, que aún en esas circunstancias mostraba su generosidad
y su sentido del humor. Miramón le guiñó un ojo y le dijo:
- Vamos, anímate. Juega con nosotros. Te voy a enseñar una
tirada de solitario que te va a servir mucho cuando estés sola.
- ¿Sola? ¿Qué quieres decir? -preguntó ella, sintiendo un
escalofrío.
- Nada, nada. Es sólo un juego. Pero te va a gustar. Mira,
se hace así...

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